Adicciones: por qué nos enganchamos y cómo nacen realmente
¿Por qué somos adictos a cosas, costumbres o personas?
Cuando pensamos en adicciones, solemos imaginar sustancias como el alcohol o las drogas. Sin embargo, las adicciones van mucho más allá: redes sociales, compras, trabajo, comida, apuestas, videojuegos… Incluso ciertas dinámicas relacionales.
La pregunta no es solo a qué nos volvemos adictos, sino por qué nuestro cerebro está diseñado para engancharse.
Desde la neuropsicología, la adicción no es simplemente “falta de voluntad”. Es un fenómeno complejo que implica aprendizaje, refuerzo, regulación emocional y contexto social.
Qué es realmente una adicción (más allá del tópico)
Según el manual diagnóstico DSM-5, los trastornos adictivos implican:
- Pérdida de control sobre la conducta.
- Persistencia a pesar de consecuencias negativas.
- Deseo intenso o craving.
- Tolerancia y, en algunos casos, síndrome de abstinencia.
Pero la clave psicológica es esta: ¿la conducta adictiva cumple una función?.
Cómo nacen las adicciones: el circuito de recompensa
En términos neurobiológicos, el núcleo del problema está en el sistema dopaminérgico mesolímbico: principalmente el área tegmental ventral y el núcleo accumbens.
Cada vez que hacemos algo que nuestro cerebro interpreta como beneficioso para la supervivencia (comer, conectar socialmente, lograr un objetivo), se libera dopamina.
La dopamina no es exactamente “la molécula del placer”. Es la molécula de la anticipación y el aprendizaje por recompensa.
El problema aparece cuando:
- Una conducta produce una liberación intensa de dopamina.
- Esa conducta alivia malestar emocional.
- Se repite en momentos de vulnerabilidad.
El cerebro aprende rápidamente: “Esto reduce el dolor. Hazlo otra vez.” Así se consolida el hábito. Y si la repetición es frecuente e intensa, el hábito puede transformarse en adicción.
¿Es solo biología? El papel del contexto
El contexto importa enormemente.
Un ejemplo clásico es el experimento “Rat Park” del psicólogo Bruce Alexander, donde se observó que las ratas aisladas consumían más morfina que aquellas en entornos enriquecidos y sociales.
Esto nos indica que la adicción no es solo sustancia, es relación con el entorno.
Factores que aumentan vulnerabilidad:
- Trauma temprano.
- Estrés crónico.
- Soledad.
- Falta de propósito.
- Modelos familiares disfuncionales.
- Accesibilidad constante al estímulo (como ocurre con la tecnología).
El contexto no lo explica todo, pero lo modula profundamente.
¿Entonces nadie es inmune?
Desde un punto de vista clínico, nadie es completamente inmune.
Existen factores de riesgo biológicos (genética, impulsividad, alteraciones dopaminérgicas), pero también factores protectores:
- Vínculos seguros.
- Regulación emocional aprendida.
- Autoeficacia.
- Red social sólida.
- Sentido vital.
No es que algunas personas “sean débiles”. Es que algunas personas tienen menos recursos internos y externos en determinados momentos.
La vulnerabilidad no es una identidad permanente. Es un estado.
Adicciones sin sustancia: el nuevo escenario
El manual DSM-5-TR ya reconoce el trastorno por juego como adicción conductual. Pero cada vez hay más investigación sobre:
- Adicción a redes sociales.
- Adicción al móvil.
- Adicción al trabajo.
- Adicción al ejercicio.
- Adicción a la pornografía.
El denominador común no es el objeto, sino:
✔ Regulación emocional disfuncional
✔ Refuerzo intermitente (como en redes sociales)
✔ Sensación de alivio inmediato
Y nuestro cerebro ama el alivio inmediato.
¿Por qué las costumbres se convierten en cadenas?
Toda adicción empieza siendo útil.
- El alcohol relaja.
- Las redes distraen.
- El trabajo da reconocimiento.
- La comida consuela.
El problema aparece cuando esa estrategia se convierte en la única disponible.
A nivel psicológico, podemos entenderlo como un déficit en la flexibilidad conductual. Cuando solo sabemos calmarnos de una forma, esa forma se vuelve imprescindible.
¿Se puede revertir una adicción?
Sí. Pero no se trata solo de eliminar la conducta.
Se trata de:
- Entender qué función cumple.
- Construir alternativas de regulación emocional.
- Cambiar contexto cuando sea posible.
- Trabajar el significado personal.
- Reentrenar el circuito de recompensa.
La abstinencia sin comprensión suele fracasar. La comprensión sin acción también. El trabajo terapéutico integra ambas dimensiones.
Mi reflexión sobre las adicciones
Lo que más me hace pensar sobre las adicciones es que no hablan tanto de debilidad como de dolor.
Detrás de casi toda adicción hay una historia de regulación emocional insuficiente, de heridas no atendidas o de vacío existencial.
No somos adictos porque queramos destruirnos. Somos adictos porque algo nos calma.
La pregunta transformadora no es, ¿Por qué no puedo dejarlo?, sino, ¿Qué está haciendo esto por mí que no estoy encontrando en otro lugar?.
Cuando entendemos eso, dejamos de luchar contra nosotros mismos y empezamos a trabajar con nosotros mismos.
Lo esencial
- Las adicciones nacen del aprendizaje por recompensa.
- El contexto importa, y mucho.
- Nadie es completamente inmune.
- La conducta adictiva cumple una función emocional.
- La recuperación pasa por crear nuevas formas de regularnos.
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