La salud mental masculina y el precio psicológico de tener que ser siempre fuerte
Hay hombres que pasan años convencidos de que están bien simplemente porque siguen funcionando.
Van a trabajar, cumplen con sus responsabilidades, atienden a su familia, resuelven problemas, siguen adelante. Desde fuera parecen fuertes.
Sin embargo, cuando llegan a consulta muchas veces aparece una realidad diferente. No están bien, están agotados. Han aprendido a seguir funcionando mientras se desconectaban poco a poco de lo que sienten.
Quizá una de las cuestiones más importantes para comprender la salud mental masculina es esta: muchos hombres no han aprendido a ignorar el sufrimiento porque sean emocionalmente más resistentes. Lo han aprendido porque durante años recibieron el mensaje de que determinadas emociones eran incompatibles con ser hombre.
La tristeza podía interpretarse como debilidad, el miedo como inseguridad, la necesidad de ayuda como fracaso. Y así comenzó una forma muy particular de relacionarse con uno mismo.
El mito del hombre que no llora
La famosa frase «los hombres no lloran» probablemente sea uno de los mensajes más influyentes en la construcción emocional masculina.
No porque consiga que los hombres dejen de sentir, eso es imposible. Las emociones forman parte de la experiencia humana independientemente del sexo.
Lo que consigue es algo diferente: enseñar que determinadas emociones deben ocultarse.
Cuando un niño aprende que mostrar tristeza genera rechazo o desaprobación, no deja de experimentar tristeza, sino que aprende a esconderla.
Con el paso de los años esta estrategia puede convertirse en una forma habitual de funcionamiento psicológico.
Muchas personas llegan a la edad adulta sabiendo identificar el cansancio, el estrés o la frustración, pero teniendo enormes dificultades para reconocer sentimientos como la vulnerabilidad, la tristeza o el miedo.
No porque carezcan de esas emociones, porque nunca tuvieron permiso para explorarlas.
La consecuencia es que el sufrimiento emocional no desaparece. Simplemente cambia de forma, a veces aparece como irritabilidad y otras como aislamiento.
En ocasiones como una dedicación excesiva al trabajo, una necesidad constante de mantenerse ocupado o una dificultad persistente para pedir apoyo.
Cuando la fortaleza se convierte en una obligación
La fortaleza es una cualidad valiosa. Todas las personas necesitamos desarrollar recursos para afrontar la adversidad.
El problema aparece cuando la fortaleza deja de ser una capacidad y se convierte en una obligación permanente.
Muchos hombres han crecido con la sensación de que deben poder con todo, deben controlar sus emociones, deben resolver los problemas, deben proteger a los demás, deben mantener la estabilidad incluso cuando ellos mismos se sienten desbordados.
Psicológicamente, esta exigencia tiene un coste importante porque nadie puede sostener indefinidamente una imagen de autosuficiencia absoluta.
Toda persona atraviesa momentos de incertidumbre, pérdida, miedo o fragilidad y cuando esas experiencias son interpretadas como signos de debilidad, el sufrimiento suele vivirse en soledad. Y la soledad psicológica es uno de los factores que más contribuyen al malestar emocional.
El peso invisible del hombre que tiene que tirar de la familia
Otro de los mandatos masculinos más persistentes es el del proveedor.
Aunque la realidad social ha cambiado enormemente en las últimas décadas, muchos hombres continúan sintiendo que gran parte de su valor personal depende de su capacidad para sostener a los demás.
No se trata únicamente del dinero, se trata de la responsabilidad, de ser quien resuelve, quien mantiene el control, quien encuentra soluciones cuando aparecen los problemas.
Esta posición puede proporcionar sentido y propósito, pero también puede generar una enorme presión psicológica.
Cuando la identidad queda excesivamente ligada al rendimiento, cualquier dificultad amenaza directamente la autoestima.
Una pérdida laboral deja de ser únicamente una dificultad económica puede convertirse en una crisis personal. Un periodo de agotamiento deja de ser una señal de necesidad de descanso y puede vivirse como una sensación de fracaso.
La persona deja de preguntarse cómo se encuentra y empieza a preguntarse únicamente si está cumpliendo con lo que se espera de ella.
Por qué muchos hombres tardan más en pedir ayuda
Uno de los fenómenos mejor documentados en la literatura científica es que los hombres suelen buscar ayuda psicológica con menos frecuencia y más tarde que las mujeres.
Las razones son complejas y no pueden reducirse a una única explicación.
Sin embargo, existe un factor que aparece de forma recurrente: la creencia de que los problemas emocionales deben resolverse de manera individual.
Muchas personas han aprendido que pedir ayuda implica dependencia, que reconocer dificultades implica debilidad, que necesitar apoyo significa no ser suficientemente fuerte.
La paradoja es evidente.
La mayoría de los hombres no juzgarían con dureza a un amigo que atraviesa una depresión, una crisis de ansiedad o un momento complicado, sin embargo, aplican sobre sí mismos estándares mucho más exigentes.
Lo que comprenden para los demás resulta difícil de aceptar cuando les ocurre a ellos.
¿Estamos viviendo un cambio de paradigma?
Probablemente sí y quizá sea uno de los cambios culturales más relevantes que estamos observando en relación con la salud mental.
Cada vez más hombres hablan abiertamente de ansiedad, estrés, depresión o dificultades emocionales.
La terapia psicológica ha dejado de percibirse exclusivamente como un recurso para situaciones extremas.
Las nuevas generaciones parecen mostrar una mayor apertura hacia el mundo emocional.
Además, cada vez existe una mayor conciencia de que la vulnerabilidad no es incompatible con la fortaleza.
De hecho, reconocer las propias limitaciones suele ser una muestra de madurez psicológica mucho más sólida que intentar ocultarlas.
Esto no significa que los antiguos mandatos hayan desaparecido, siguen presentes.
Todavía hay hombres que sienten vergüenza al llorar, que experimentan culpa cuando necesitan ayuda, que viven el sufrimiento como algo que deben resolver en silencio.
Pero la diferencia es importante: hoy existen modelos alternativos.
Y cuando existen alternativas aparece algo fundamental para la salud psicológica: la libertad de construir una identidad masculina más flexible, más humana y menos dependiente de la obligación de parecer invulnerable.
La verdadera fortaleza emocional
Quizá la cuestión no sea si los hombres deben ser fuertes o vulnerables.
Esa oposición suele ser engañosa, la verdadera fortaleza emocional no consiste en dejar de sentir miedo, tristeza o incertidumbre.
Consiste en poder convivir con esas experiencias sin que definan completamente quiénes somos, en reconocer cuándo necesitamos apoyo, en aceptar que no podemos controlarlo todo, en permitirnos ser humanos antes que perfectos.
Porque el problema nunca ha sido que los hombres lloren, sino, que muchos crecieron creyendo que no podían hacerlo.
Y cuando una persona siente que debe esconder partes importantes de sí misma para ser aceptada, tarde o temprano termina alejándose también de su propio bienestar psicológico.
Mi reflexión final
En consulta rara vez encuentro hombres incapaces de sentir, lo que encuentro con frecuencia son hombres que llevan demasiado tiempo sintiendo solos.
Hombres que aprendieron a ser responsables antes que compasivos consigo mismos y que desarrollaron una enorme capacidad para cuidar de otros mientras descuidaban aspectos importantes de su propio bienestar.
Quizá uno de los cambios más saludables que estamos viviendo no sea que los hombres hablen más de emociones. Quizá sea algo más profundo.
La posibilidad de que un hombre pueda sentirse triste, vulnerable, inseguro o agotado sin interpretar automáticamente que está fallando como hombre.
Porque la salud mental no depende únicamente de la capacidad para resistir, también depende de la capacidad para reconocerse humano.
Si te has sentido identificado con algunas de estas situaciones y llevas tiempo gestionando el malestar en silencio, quizá no necesites ser más fuerte.
Quizá necesites un espacio donde poder comprender mejor lo que te está ocurriendo.
La terapia psicológica puede ayudarte a hacerlo desde una perspectiva profesional, rigurosa y adaptada a tu situación personal.
Preguntas frecuentes
¿Por qué a muchos hombres les cuesta expresar sus emociones?
Porque durante años muchos han recibido mensajes sociales que asocian la vulnerabilidad con la debilidad. Esto puede dificultar el reconocimiento y la expresión emocional.
¿La masculinidad tradicional afecta a la salud mental?
Puede hacerlo cuando determinadas normas rígidas dificultan pedir ayuda, expresar emociones o reconocer situaciones de sufrimiento psicológico.
¿Por qué los hombres suelen acudir menos al psicólogo?
Las investigaciones sugieren que algunos hombres perciben la búsqueda de ayuda como una amenaza para su autonomía o su identidad, lo que puede retrasar la consulta.
¿La vulnerabilidad es incompatible con la fortaleza?
No. La vulnerabilidad forma parte de la experiencia humana. Reconocerla suele favorecer una mejor adaptación psicológica y relaciones más auténticas.
¿Estamos viviendo un cambio en la salud mental masculina?
Sí. Cada vez existe una mayor normalización de la terapia psicológica, la expresión emocional y el cuidado de la salud mental entre los hombres.
REFERENCIAS CIENTÍFICAS
- Addis, M. E., & Mahalik, J. R. (2003). Men, Masculinity, and the Contexts of Help Seeking. American Psychologist.
- Seidler, Z. E., Dawes, A. J., Rice, S. M., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2016). The Role of Masculinity in Men’s Help-Seeking for Depression. Clinical Psychology Review.
- Wong, Y. J., Ho, M. H. R., Wang, S. Y., & Miller, I. S. K. (2017). Meta-Analyses of the Relationship Between Conformity to Masculine Norms and Mental Health Outcomes. Journal of Counseling Psychology.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Informes sobre salud mental y prevención del suicidio.
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